Teoría de la comunicacion

EL PACIENTE INGLÉS

AUTOR. MICHAEL ONDAATJE

Sinopsis: una joven enfermera que cuida a un enigmático hombre completamente abrasado, un rastreador de explosivos de origen sij y un cínico superviviente conviven con ella en una villa italiana al norte de Florencia, en La Villa San Girolamo, antiguo convento de monjas. Cuando otros pacientes y enfermeras se trasladaron a un lugar meridional y más seguro, el inglés y Hana, la enfermera, decidieron quedarse allí.

La escritura y la descontextualización hacen que se cree un retraimiento en el tiempo y proyecta  un vínculo afectivo con el libro El paciente Inglés (cómo podría ser cualquier otro), es decir, con los personajes  que lo forman, cada una de las palabras escritas implican una complicidad, y despierta un sentimiento, que el lector va procesando en su cerebro. La tecnología de la escritura,  y los sentimientos primarios se agudizan, amor, odio, compasión etc. Estaríamos hablando del Determinismo tecnológico haciendo referencia a la teoría “el medio es el mensaje” de MacLuhan.

El contrasentido”, observa Ong, “radica en el hecho de que la mortalidad del texto, su apartamiento del mundo vital humano vivo, su rígida estabilidad visual, aseguran su perdurabilidad y su potencial para ser resucitado dentro de ilimitados contextos vivos por un número virtualmente infinito de lectores”

“Cada cuatro días le lavaba su negro cuerpo, comenzando por los destrozados pies. Mojaba la manopla y, manteniéndola en el aire, la estrujaba para que el agua le cayera en los tobillos.” (ONDAATJE, M; 1992, 11)

Este fragmento se relaciona con interaccionamos simbólico, es la creación compartida  entre la enfermera y el paciente, es un acuerdo explícito en la relación del que cuida y del que es cuidado. Y más,  origina un gesto o símbolo significante, ya que la reacción de Hana y la adaptación del paciente a ser asistido,  son aceptadas por ambos con normalidad.

“Cuando él se giró su obscura cada de ojos grises hacia ella, se metió la mano en el bolsillo. Peló  la ciruela con los dientes, saco el hueso y le introdujo la pulpa en la boca” (ONDAATJE, M; 1992, 12)

“Cuando el inglés se despertó, ella se inclinó sobre su cuerpo y le colocó un tercio de la ciruela en la boca. Él la sujetó con la boca abierta, como si fuera agua, sin mover la mandíbula. Parecía que iba a echarse a llorar de placer.”  (ONDAATJE, M; 1992, 54)

Hana hace este gesto porque ella sabe cuál es el significado y el también. El hecho de pelarla con los dientes y quitar el hueso indica que la enfermera, en un instante,  ocupa el lugar del paciente y es consciente de la discapacidad del inglés para poder pelar la fruta y lo que podría suponer atragantarse con el hueso, entonces ella actúa en consecuencia. Lo agradable de la pulpa en la boca de él. El símbolo cuya reacción ya daba  por anticipado. Ya que significa en la comunicación un reflejo de quien cuida de él.

“si hacía frio, se metía con cuidado en la cama y se tumbaba a su lado. No podía descansar peso alguno sobre él, ni siquiera su fina muñeca sin hacerle daño” (ONDAATJE, M; 1992, 14)

Cuando ella se mete con cuidado en la cama y se tumba a su lado, la Proxémica en el sentido de la comunicación no verbal entra en juego, las distancias añaden significado a nuestros gestos y palabra,  así pues adopta una fase próxima (según Hall). Pegada a él sin rozarle y Hana actúa con la ternura, el afecto y la protección para su único paciente. Lo que ella pretendía era darle calor pero sin dañarlo. Con cuidado y de manera sutil, era como ella lo hacía.

“Sacó El último mohicano… Se  sentó en hueco de la ventana del paciente inglés… abrió el libro… Se sintió como Crusoe al encontrar un libro arrojado por el mar a la playa y secado al sol… Se introdujo en la historia sabiendo que saldría de ella con la sensación de haber estado inmersa en las vidas de otros, en tramas que se remontaban hasta veinte años atrás…(ONDAATJE, M; 1992, 21)

En este extracto. La enfermera abrió el libro con la necesidad de evadirse del mundo que la rodeaba Se introdujo en la historia sabiendo que saldría de ella con la sensación de haber estado inmersa en las vidas de otros. Simplemente ella lee y siente a través de la vista como una prolongación de sus sentidos.

La  descontextualización de la escritura la transportan veinte años atrás. Lejos  de aquella habitación, de Villa San Girolamo, del paciente, de esa época turbia. Al ser la escritura un medio caliente de alta definición, aquello que es descrito,   se vive, cada paraje, cada sensación es introvertida y a la vez alivia a Hana de la realidad. Y se convierte en una profecía autocumplida.

“Cogió el cuaderno de notas que había sobre la mesita contigua a la cama del hombre quemado. Era un libro que llevaba consigo cuando salió de entre las llamas: un ejemplar de la Historia de Herodoto, en el que había pegado páginas recortadas de otros libros y había escrito sus propios comentarios, todo ello entremezclado con el texto y de Herodoto. Empezó a leer su diminuta y retorcida caligrafía” (ONDAATJE, M; 1992, 26)

Es curioso que el paciente de entre las llamas tan sólo consiguiera salvar el libro. No tienen más que piel quemada pegada a los huesos y un libro. No cualquier libro, pero como veremos más adelante, tiene para el paciente una gran carga emotiva.  La historia Herodoto libros de viajes desde la Antigüedad grecolatina – Herodoto –  (siglo V a C) las diferencias existentes entre libros de viajes con respecto a los de cualquier otro género, convierte a este tipo de literatura en una modalidad bien diferenciada. Dichos libros fueron escritos con la intención de dar a conocer nuevos territorios y culturas, a través de la descripción, real o imaginada, de vivencias de un viajero en tierras extrañas.

Miguel de Unamuno, como autor de libros de viajes, es un escritor crucial y representativo de una época que como Herodoto, tal vez por extremar el elemento subjetivo de sus viajes de lugares y paisaj0es. Sus visiones de España son, por encima de todo, visiones de su propia alma…

El libro de Herodoto estaba lleno del Paciente con sus diminutas anotaciones y su propia y retorcida caligrafía. Tenía su propio significado de acuerdo con su bagaje personal,  sobre sus creencias e incluso sus propias aportaciones de su emocionalidad, con trozos de papel entre las páginas y pedazos de mapas. Lo que representó en un determinado momento, en una lectura en voz alta, al cobijo de la hoguera, de la historia de Candaulo y Giges cuyo autor era  Herodoto. Aquella noche por primera vez en su vida, se enamoró,  de la mujer que leía.

“Puedo reconocer una ciudad sin nombre por su croquis en un plano. Siempre he sido un poco de conocimientos. Soy una persona que si se queda sola en casa de alguien, se acerca a la librería, saca un volumen y lo absorbe. Así entra la historia en nosotros. Conocía mapas del fondo del mar, mapas que representan puntos débiles de la corteza terrestre, mapas pintados en piel con las diversas rutas de las cruzadas” (ONDAATJE, M; 1992, 28)

Laszlo Almasy: el explorador del desierto. Tal vez fue uno de los últimos exploradores “románticos”. Los beduinos le llamaron “el Padre de las Arenas”. El Conde Almasy, amó el desierto. El libro de Miche Ondaatje, 1992  “El Paciente inglés” se basa en su vida, aunque muchos de los aspectos que cita son ficción, y su vida supera en mucho a cualquier ficción que pueda surgir de las arenas del desierto. Conoce la historia de un hombre que supo domar los áridos caminos de arena interminable.

  • Amo el desierto. Amo la infinita extensión de los temblorosos espejismos, el viento, los picos escarpados, las cadenas de dunas como rígidas olas de mar. Y amo la simple, la ruda vida de un campamento primitivo en el frío gélido, a la luz de las estrellas en la noche, y en las calurosas tormentas de arena. Laszlo Almasy (El Sahara desconocido).

En realidad,  la escritura  hace la biografía del ser humano: el Conde Laszlo Almasy pero no se ajusta a la realidad vivida por el Conde ya que poco tiene que ver la persona murió de disentería en Salzburgo en 1951; tres semanas más tarde fue nombrado a título póstumo Director del Instituto del Desierto del Cairo La diferencia radica que el inglés de la novela pertenecía a  Sociedad Geográfica Británica, era cartógrafo capaz de reconocer en mapas lugares exactos del desierto.  Nos inicia en la experiencia de imaginar su rostro y todo aquello que describe, y es sencillo imbuirse en mares de arena y sentir como se sintió en aquella cama el propio paciente. Dar máxima importancia a la lectura para uno mismo que alimenta la imaginación e individualiza al lector cuando lee para sí mismo.

“Llevaba mucho tiempo allí recuperándose y lo tenían por asocial. Pero ahora habló, les preguntó por la persona de ese nombre, cosa  que le sorprendió. Hasta aquel momento no había pronunciado palabra, sino que se comunicaba por señas y muecas y de vez en cuando con una sonrisa. No había revelado nada, ni siquiera su nombre, se había limitado a escribir su número de identificación, prueba de que había combatido con los Aliados. Habían verificado su filiación y los mensajes llegados de Londres la habían confirmado. Tenía un cúmulo de cicatrices en el cuerpo, conque los médicos habían vuelto a reconocerlo y habían asentido con la cabeza ante las vendas. Al fin y al cabo era una celebridad que quería guardar silencio, un héroe de guerra” (ONDAATJE, M; 1992, 37)

En el interaccionismo simbólico tiene que significar lo mismo para todos los individuos involucrados. Las relaciones sociales en este caso “el silencio” significa para todos lo mismo. Asocial sería un apelativo de la persona que no quiere compartir mediante el silencio su presente y pasado. Pero sí que se comunicaba por señas, muecas y sonrisa, una comunicación no verbal por esa multiplicidad de gestos en el rostro se comunicaba sin la  necesidad de articular palabra. Según el psicólogo Paul  Ekman las expresiones faciales son para él los indicios fidedignos de las emociones. A través de ese flujo de información en forma de silencio y un reconocimiento en su cuerpo de cicatrices de guerra,  dan por sentado un significado de comunicación no verbal, la incertidumbre que los médicos rellenan el hueco que deja el silencio al identificarlo con las fuerzas Aliadas. Y lo consideran un héroe de guerra que tiene un significado compartido para todos los del hospital, sin necesidad de comprobaciones, suponen que está traumatizado y de ahí su comportamiento.

Cuando para su identificación utiliza la escritura, la utiliza con el fin claro. Que  se le localice como soldado de las fuerzas Aliadas, por los archivos que guardaban los ejércitos para identificar a sus heridos y caídos en el frente. Poder distinguir a los enemigos de los que no lo son.

Cuando utiliza la oralidad en su carácter dialógico, que permite una conversación participativa y su objetivo es obtener una información sobre la enfermera y el paciente quemado.

¿Quién es pregunto?

No sabemos cómo se llama.

¿Se niega a hablar?

“El grupo de médicos se echó a reír. No, sí que habla, no para de hablar, pero es que no sabe quién es.” (ONDAATJE, M; 1992, 39)

El paciente no quiere, no desea decir su nombre, tan sólo con la excusa del olvido  se da por sentada la comunicación, y de esa manera mantiene el secreto de su identidad. Lo situamos en las normas culturales y sociales, es decir la individualidad del paciente le da la opción de ocultar a voluntad, su procedencia.

“Léelo despacio, querida niña a Kipling hay que leerlo espacio. Fíjate bien dónde se encuentran las comas  y descubrirás las pausas naturales. Era un autor que escribía con pluma y tintero. Como la mayoría de los escritores que viven solos, levantaba con frecuencia, según tengo entendido, la vista de la página, miraba por la ventana y escuchaba los pájaros. Algunos no saben los nombres de los pájaros, pero el sí. Tus ojos son demasiado rápidos, norteamericanos. Piensa en el ritmo de su pluma. De lo contrario, parecerá un primer párrafo ampuloso y anticuado… Si se quedaba dormido Hana proseguía, sin levantar la vista” (ONDAATJE, M; 1992, 115)

Esta forma de lectura al otro, lectura en voz alta, Hana lee y la palabra es algo fugaz y evanescente para el paciente, a medida que se dice desaparece. Pero aparece el dialogismo que en la cultura oral o la lectura en voz alta, el que escucha puede preguntar, disentir, alabar o explicar cómo leer un determinado texto. Es el caso de esté fragmento donde el Inglés da las pautas a la joven de cómo leer a Kipling. En este caso el intercambio comunicativo tiene lugar cara a cara, en un aquí y ahora determinados.

“Sacó muy despacio el haz de cables. Había seis cable enmarañados, atados ente sí y pintados todos de negro. Seis cables negros. Cuando era niño, su padre le había juntado los dedos dejando al descubierto sólo las puntas, le había preguntado cuál era el más largo. Toco con su meñique el elegido y su padre… reveló el error del niño… se podía hacer que un cable rojo fuese negativo. Pero su oponente no sólo los había cubierto de hormigón, sino que, además, había pintado de negro todos los indicativos. Kip se veía arrastrado por un torbellino psicológico (disonancia cognitiva). Empezó a raspar la pintura con el cuchillo u aparecieron uno rojo otro verde y otro azul. ¿Los habría invertido también su oponente? Iba a tener que preparar un puente con su propio cable negro para averiguar si el circuito era positivo o negativo… y sabría donde radicaba el peligro. El zapador tenía las manos alzadas por encima de su cabeza, como si sostuviera una enorme tela de araña… Al verla correr hacia él, le gritó que diera un rodeo por la izquierda, porque había cables de minas por todos lados…Cuando llego hasta él, tenía las manos levantadas. Había caído en una trampa y había acabado sosteniendo dos cables activos que no podía soltar sin la protección de un elemento de contrapunto. Necesitaba una tercera mano para anular uno de ellos y tenía que volver de nuevo hasta la espoleta. Le pasó los cables con cuidado y bajó los brazos… Dentro de un momento vuelvo a cogerlos… Estamos en un callejón sin salida. Vaya broma. No sé por dónde seguir. No sé dónde llegará la trampa… le cogió el cable de la mano izquierda como si fuera una víbora muy delgada y después de otro. Ella no se apartó… Volvió todo el camino hasta la espoleta… antes de que se le desdibujara el teorema, se acerco a ella y cortó el cable que colgaba de su mano izquierda. La bomba estaba desactivada.” (ONDAATJE, M; 1992, 122, 123,124, 125)

Los Alemanes habían ocupado Villa San Girolamo durante y en su retroceso habían dejado trampas (Teoría de la comunicación  no respondía a una creación compartida de significados consiste en estrategia de engañar al otro mediante un interaccionismo simbólico)  ya que de eso trata  el mismo engaño. Un símbolo que el zapador por su experiencia del funcionamiento de la desactivación puede intuir. Pero en este caso se ve sorprendido,  ya que el individuo que colocó el entramado de cables sabe cuál es el significado,  porque adopta la actitud de persona a la que va dirigido para tergiversarlo y así provocar la detonación.  Al ponerse en lugar del otro, el que engaña combina una tipo de comunicación que es un símbolo, el estímulo cuya reacción ya es dada por anticipado y este  en un principio y al verse atrapado representa para el zapador una disonancia cognitiva,  ya que se encuentra en un callejón sin salida. Cuando surge el acontecimiento nuevo el zapador se tensiona al verse incapaz de desactivar la bomba. Y esto le obliga a un  cambio rápido de pensamiento y acción, así como el control de los conocimientos que nos llegan a través de las señales de otros y esa disonancia cognitiva,  ha creado un sentimiento desagradable en el joven zapador, que tiene que replantear el recorrido de los cables y se ve desesperado. El sólo está abocado al fracaso ya que tampoco sabe hasta dónde llega la trampa y si suelta los cables la bomba explotará, por eso pide ayuda a la joven. Lo tiene que comprobar por sí mismo. Cuando la joven Hana llega le pide que sujete los cables y la libertad de pensamiento y movimiento le ayudan a cortar el cable correcto.

“Aún no tenía fe en los libros. Recientemente, Hana lo había visto sentado junto al paciente inglés y esa escena le había parecido una inversión de Kim. Ahora el joven estudiante era un indio y el anciano y sabio maestro era un inglés. Pero quien se quedaba por la noche con el anciano, quien lo guiaba por las montañas hasta el río sagrado era Hana. Había leído incluso el libro juntos y la voz da Hana aminoraba la marcha cuando el viento movía la llama de la vela que tenía a su lado y la página quedaba momentáneamente en penumbra.

Y en cierto modo, durante aquellas noches dedicadas a leer y escuchar, se habían preparado –suponía ella- para la del joven soldado, el niño convertido en adulto, que iba a reunirse con ellos. Pero Hana el muchacho de la historia y Kip, era el oficial Creighton.” (ONDAATJE, M; 1992,136, 137)

Las peripecias de Kimball O’Hara, el huérfano de origen irlandés nacido en la India que emprende un recorrido místico por el país en compañía de un lama del Tíbet y acaba trabajando como agente secreto al servicio del espionaje británico, son hoy un clásico de la literatura universal y un emblema de los últimos años del imperio victoriano en el continente indio

Kim y el lama salen de Umballa y reemprenden el camino hacia Benares, tomando la Gran Carretera construida por los británicos que llevaba desde Bengala hasta el Noroeste. En la Gran Carretera se encuentran con un regimiento británico, que resulta ser aquél en el cual había servido el padre de Kim. Los miembros del regimiento quedan sorprendidos al descubrir que ese supuesto golfillo indio no sólo es blanco, sino que es hijo de un antiguo sargento de la unidad.

El personaje del Coronel Creighton responde al ideal que tenía Kipling de cómo debía ser el administrador colonial. Un hombre dedicado a su tarea, que no espera recompensas especiales por cumplir con su deber. Un hombre que conoce a la perfección el país en el que se mueve, pero que no cae en el error de volverse como los nativos. Nunca se le olvida que pertenece a la clase de los señores y que hay barreras que no debe cruzar

La oralidad primaria en el que el predominante es el oído y como afirma Ong los sentidos son los que unifica y penetran en lo profundo de las cosas “durante aquellas largas noche dedicadas a leer y escuchar” se convierte en comunicación contextual por su carácter dialógico ya que el lee da opción al que escucha a mantener una lectura empática y participativa. Incluso en este caso la escritura como algo artificial y como algo característico, “Hana aminoraba la marcha… la página se quedaba en penumbra” el sentido de la vista que trasforma el habla y también el pensamiento.

Adjudicando imaginariamente papeles de personajes de un libro de aventuras a seres humanos de carne y hueso, que según la subjetividad de la escritura. Hacen que un lector les ubique un papel imaginario determinado, así  como el mismo texto lleva a otro lector,   a cambiar los personajes relacionados con otras personas según  la observación,  y cómo se puede comprobar  no tiene un significado único y estable para todos los lectores.

FIN

Magnífico libro y magnífico todo lo que he aprendido de Teoría de la comunicación aplicada.

María Loreto Verdú Pérez

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