Cadena perpetua.

Mi enfermedad me regalo el tiempo, me quito tanto, pero el tiempo me lo regalo,un regalo envenenado. Sabemos que las enfermedades neurodegenerativas someten al paciente aun sufrimiento indescriptible. A mi me pedía una vida tranquila, una vida sin vida, porque  ya no puedo volar donde me gustaría, donde los ángeles no tienen alas y vuelan a sus anchas, ya no recuerdo la ultima vez que volé, volé, sobre las aguas azules de Toba, de sitios sencillos donde no volvere, lloré por el tiempo perdido, por el amor no correspondido, la historía de amor que nunca viviré, ni voces infantiles que me llamen en la noche, ni jovenes adolescentes que me odien, ni un marido que me deje por otra más joven y menos enferma, ni la mano de unos hijos ya mayores en mi lecho de muerte, tan solo estaré con mi amigo imaginario que en realidad es el Parkinson  que no se acaba y no me abandona, soy lo que ves un  pedazo de carne enferma.

Apesar de todo de esta y ser viviré.

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