Sin esperanza.

No soy  una luchadora que no os engañe mi armadura, lo nuestro no tiene ninguna valía, solo respiro.  hubo un tiempo que también tenía grandes metas definidas, quien desde la enfermedad, se permite amar, sentir, vivir y no sobrevivir, cumple sus meta.

Somos ciudadanos de la vida con el terror de la diferencia, de tantos días que me quedan sin metas, no puedo tener metas,  las metas son para corredores de fondo, mi principio y mi fin… respirar.

Soltarse y fingir, que no te importa cuando te mueres por dentro, sentir el frío, frío que me congela y a cámara lenta salto entre las piedras…  torpe e insegura sin rumbo ni destino a donde llegar, salto de una a otra sin parar.

Terminar, con este adusto camino,  con el infierno de la congelación , no me digas que hay otras vidas, no me digas que esto son caminos de aprendizaje, si el aprender significa caer no aprendí nada, ya que una y otra vez me vuelvo a caer.

Del patronato del país del Parkinson y sus amigos imaginarios ,  bendiga a la  benevolencia del que no respira, porque se ya reveló que  no puede ser libre en la cárcel de los huesos.

Mis cadenas arrastro con la supervivencia.

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