Derecho al olvido. 2010 – 2018

El “derecho al olvido”  a desaparecer  del ciberespacio o a borrar voluntariamente el rastro que uno ha dejado durante el tiempo que utiliza internet o las redes sociales, blog, foros….

La capacidad para acumular información de los buscadores que operan en la red de Internet (Google, Yahoo!, Firefox) puede llegar a ser muy agresiva con los derechos de la persona. Pero a la vez la red es una extraordinaria plataforma de información y expresión (los blogs y redes sociales como Facebook, MySpace) por la que circulan millones de datos de acceso universal, que objetivamente amplían el espectro informativo. Sin embargo, la acumulación de valoraciones y noticias que el motor de un buscador genera a través de millones de páginas web esparcidas en la red digital puede llegar a resultar, según los casos, una hipoteca para el honor o la intimidad.

Marc Carrillo

¿Cuáles son las implicaciones que tiene para la privacidad de los usuarios?

La casuística es muy variada, pero parece razonable afirmar que -por ejemplo- no tienen la misma entidad informativa el caso de aquella persona que reclama que no sean tratados sus datos personales relativos a una infracción administrativa de tráfico y publicados en el Boletín Oficial de la Provincia, que aquel otro en el que la infracción de tráfico sea delito; o el que protagonice un periodista por un delito de injurias y después sea indultado por el Gobierno.

La pretensión de borrar de la red estos datos es razonable en el primer caso, pero en absoluto lo es en los otros dos. La justificación jurídica se fundamenta en la veracidad y el interés público de la información que aparece en la red. Porque lo que fue de interés público en un momento determinado -la comisión de un delito- no puede desaparecer de la historia. De lo contrario estaríamos ante una falsedad.

Resultaría paradójico que una información de interés público y obtenida con escrupuloso respeto al canon de la diligencia profesional se pueda consultar en la hemeroteca de la edición escrita de un diario y, por el contrario, haya de desaparecer de la edición digital.

Mar Carrillo

La llamada web 2.0 tiene implicaciones sobre los derechos de las personas en particular respecto al derecho a la privacidad y la protección de datos, la web 2.0 como todos sabemos vincula al usuario por la posibilidad de interacción  mediante la participación en redes sociales, blog, foros…  influyen los hábitos de los ciudadanos al estar cada vez más tiempo imbuidos en la red y así casi sin querer dejamos un rastro de nuestra vida privada.

Una simple búsqueda con el nombre de la persona y encontramos numerosa información que la mayoría de las veces es publicada por terceros.

Se hace necesario la concienciación de los usuarios al facilitar datos –los propios y de terceros para evitar la pérdida del control

En un principio podían estar encantados con aparecer en los buscadores, esto hoy en día plantea problemas personales. Ante la proliferación de empresas de selección de personal que rastrean la red para analizar candidatos a puestos de trabajo (es alguno de los motivos por los que los ciudadanos quieran desaparecer)

Yahoo, por ejemplo, ha insistido en que “nunca” facilita ningún dato de los usuarios o de su lista de contactos, y que esas listas son “privadas” y sólo pueden ser vistas por el propio usuario.

Esta empresa ha observado que dispone de una plataforma tecnológica, llamada ‘back end’ que los usuarios pueden utilizar para limitar cuánta y por cuánto tiempo se pueden conservar la información y los identificadores personales.

El problema, según los expertos, no se produce cuando un usuario le pide al titular de una red social que cancele toda su información, sino cuando esa información ha pasado de una red a otra, y ha traspasado muchas fronteras tecnológicas y geográficas.

Entre Google, Facebook, Yahoo y MSN gestionan la información de casi 2.000 millones de personas. Todas estas compañías son estadounidenses y se rigen por la legislación de protección de datos, muy laxa, que reina allí. Sin su permiso es imposible borrar de la Red aquella multa publicada en un boletín provincial, esa fotografía inconveniente en una red social o, simplemente, dejar de recibir publicidad. Francia, sin embargo, quiere ahora que el olvido digital se convierta en un derecho.

Entraña perjuicios personales todavía mayores si tenemos en cuenta situaciones y casos tramitados por la agencia española de protección de datos. Vinculados a la indexación en buscadores de datos, en diarios oficiales o medios de comunicación referidos a materias tan sensibles como la publicación de indultos, condenas o la concesión de subvenciones o los datos de drogodependientes o víctimas de la violencia doméstica  con la identificación de sus beneficiarios.

Otorgamos datos para una finalidad concreta y existe la posibilidad de que estos se cancelen una vez agotada su finalidad.

Multiplicación sin límites de la información en los motores de búsqueda que se convierten en “cuasi eternos”

 Tanto Google (que recibe el 70% de las búsquedas de todo el mundo) como Facebook (que está a punto de superar los 500 millones de usuarios) y las demás grandes empresas de Internet usan los datos de sus clientes para sostener su negocio con publicidad personalizada. Otras como Twitter van a empezar a hacerlo y algunas como MySpace ya venden directamente la información de sus afiliados al mejor postor.

Entre los mecanismos que propone la consulta para ejercer el derecho al olvido digital en las redes sociales se está estudiando la necesidad de que la configuración por defecto de los perfiles esté en el nivel máximo de seguridad y confidencialidad. También habilitará el uso de seudónimos y, entre otras propuestas, reconocerá el derecho a un borrado fácil y rápido de la cuenta, haciendo inaccesible su contenido. En la actualidad, aunque se borre un perfil de Facebook, la información seguirá en sus servidores. La consulta está abierta hasta el 31 de mayo y debería desembocar en un acuerdo de autorregulación .

En teoría todo ciudadano  debe tener control y disposición sobre sus datos y más cuando la información le perjudica y ningún ciudadano que No sea objeto de hecho noticiable de relevancia pública tiene que resignarse a que sus datos se difundan por internet sin podre reaccionar ni corregir su inclusión.

Los retos son de dotar a los ciudadanos de mecanismos reales y efectivos de garantía de este llamado “derecho al olvido digital” ante situaciones que puedan poner en riesgo el conjunto de libertades en el amplio significado de la palabra.

 Alemania ha puesto en marcha un proyecto de ley que controle el acceso y uso de empleadores o las informaciones publicadas en servicios internet, como redes sociales, de trabajadores o solicitantes de puestos de trabajo.

La comisión Europea pretende revisar la legislación de UE sobre protección de datos, otorgar un control efectivo sobre los datos personales.

La agencia española de protección de datos como autoridad garante del derecho a la protección de datos; Mediante la tutela de sus derechos de oposición y cancelación de informaciones en internet. La resoluciones instan a los responsables de los sitios web que alojan la información personal a cancelarla.

 

 

 

 

 

Pero entra en colisión el  Derecho de libertad de expresión y el derecho a la protección de datos y en los casos donde se interactúa en foros donde se produce un pública manifestación prevalece la libertad de expresión de los particulares.

LODP no recoge exenciones al régimen de datos personales en ella contenido con fundamento en la libertad de expresión o información por lo que se hace preciso pondera los intereses en el conflicto.

La jurisprudencia del tribunal constitucional da un posición preferente a libertad de expresión frente a otros derechos constitucionales; Siempre y cuando los hechos comunicados se consideren de relevancia  pública y atendiendo al principio de veracidad de la información facilitada.

AEPD la información veraz al no referirse asuntos públicos de interés general resulta preferente el derecho fundamental de la protección de datos.

AEDP Ningún ciudadano que no goce de la condición de personaje público ni objeto de hecho noticiable de relevancia pública tiene que resignarse tiene que resignarse a que sus datos circulen por la red sin poder reaccionar, ni corregir la inclusión ilegítima.

La norma de servicios de la sociedad de la información y el comercio electrónico esta norma concluye que los buscadores dentro de la definición de servicios de la sociedad de la información establece estos servicios de búsqueda como servicios de intermediación en lo que el prestador de servicios en principio no es responsable de los contenido informativos que se presentan por los webmaster que son  los que facilitan el acceso deben eliminarlos o impedir dicho acceso a requerimiento de un órgano competente que cuestione su licitud.

En especial, cuando una sentencia no es firme. Asimismo, la sugerencia de que las administraciones de las webs (webmaster) se doten de las adecuadas medidas informáticas que permitan evitar la indexación de la noticia. Se trata de los robots.txt, unos archivos con capacidad técnica para ocultar determinadas páginas de una web a fin de impedir el acceso de los principales buscadores.

Marc carrillo

Por ello se hace preciso el establecimiento de un marco jurídico o estándar común que permita asegurar la intimidad y la reputación de las personas, pero asumiendo que el derecho al olvido no es absoluto y que lo que en su momento fue una información veraz y de interés público no puede hacerse desaparecer de la red.

Marc carrillo

El abogado Carlos Sánchez Almeida, especializado en internet y en nuevas tecnologías y autor del blog ‘Jaque Perpetuo’, ha señalado que, en España, cada persona es dueña de su propia imagen, pero ha advertido de que en numerosos casos pierden el control cuando introducen datos o imágenes en Internet.

Según este letrado, el control de la privacidad en las redes sociales es “regulable a voluntad” y, en principio, cada usuario elige con quién quiere compartir contenidos, pero ha observado que en muchos casos la información “salta” y se vuelve incontrolable.

Sánchez Almeida ha explicado que cualquier usuario puede pedir la retirada de los contenidos que él ha generado, pero ha observado que éstos se “repican” en muchos casos hasta la saciedad, por lo que buscar ese rastro en Internet resulta una tarea “casi eterna” y eliminarlo una labor “prácticamente imposible”.

A su juicio, la clave está en extremar las cautelas, y en tratar de no facilitar ningún dato, información o imagen de la que uno se pueda arrepentir tiempo después.

https://www.20minutos.es/noticia/729098/0/desaparecer/ciberespacio/internet/

Los peligros del populismo tecnológico

Informe mensual de Google Maps: visitaste dos ciudades en enero, estuviste en 29 lugares diferentes (se adjunta foto y nombre de algunos y te emplaza a ver los restantes), recorriste 41 kilómetros caminando y pasaste un total de 26 horas en un vehículo. Google sabe los sitios donde te has parado, con detalle de las horas y minutos. Todo se puede ver en el mapa. Ata cabos uniendo los datos que no le proporciona el GPS. Sabe qué tarjeta usaste, si subiste una foto a Facebook… Anticipa con una alerta si vas a tener atasco o si baja la temperatura de golpe.

«Muchos crecimos en una sociedad analógica y cauta con la privacidad. Ahora pensamos que estamos a salvo al otro lado de la pantalla porque no guardamos secretos de Estado ni hacemos nada malo. Pero lo cierto es que nos hemos convertido en ciudadanos de cristal», comenta Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas. «Lo peor es que somos colaboradores necesarios. De repente, le hemos perdido el respeto a nuestra propia privacidad. Conectarse supone muchas veces un acto de sometimiento: tus datos personales, tus filias, fobias y pecados quedan indexados y catalogados por el Gran Hermano mercadotécnico y tecnológico».

Víctor Domingo destaca una paradoja: «A pesar de tener herramientas poderosas existe una alarmante falta de comunicación. Buscamos más la aprobación en las redes sociales que el intercambio directo, y es más importante ser un chorra que un científico».

Derecho al olvido
«Hay personas a las que, en principio, la privacidad no les importa en absoluto», señala Luis Gervas de la Pisa, abogado, director de salirdeinternet.com. «Usuarios que se descargan una linterna para el móvil y le dan a la aplicación toda su agenda de contactos. Que utilizan alegremente una red social sabiendo que ésta cruza datos con otras empresas, o revisa sus mensajes privados. Hay quienes alojan multitud de información personal y empresarial en una nube virtual nada segura, y hay quienes, libre y conscientemente, exponen su vida y sus imágenes, o las de terceros, en webs que visitan miles de personas, incluido el “amigo Google”. La falta de privacidad es un problema que trae otros con el tiempo: pérdida de oportunidades profesionales, ataques informáticos, spam, chantajes, rechazo social, etcétera».

Su empresa da cobertura a quienes desean desaparecer de internet. Realiza requerimientos extrajudiciales y lleva procedimientos judiciales para bloquear o borrar información en la red. «Creemos que el llamado “derecho al olvido” no es una barra libre, y en muchas ocasiones nos vemos obligados a decir a los interesados que sus pretensiones no tendrían ninguna viabilidad».

Desde 2014, Google ha retirado 65.165 enlaces y ha denegado las peticiones para 105.544 (el 61,8 por 100). «Mi experiencia es que los buscadores y las redes sociales suelen oponerse a las solicitudes de los usuarios», añade Gervas de la Pisa. «Solo se logran resultados positivos cuando, posteriormente, se reclama la colaboración de la Agencia Española de Protección de Datos o de la justicia».

https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-posible-derecho-olvido-internet-201802140123_noticia.html

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