Piérdete.

Piérdete en la bruma del bosque, piérdete en son de la brisa, piérdete en el abismo de los pensamientos, piérdete.

Por que no me acuerdo de lo que sentía, te has quedado tan lejos, que ya ni te veo, en ocasiones te imagino, me imagino a mi misma contigo, que lastima, el no acordarte de quien tanto has amado.

Pondré los pies en el suelo, te echo tanto de menos, amores que una vez te dolieron en las entrañas, que te dieron, te arrastraron por la loma del barranco de los sentimientos, ahora ya no duele el dolor que hiere, con mano firme y certera.

Los corazones rotos, que todo un verano, llore.

Al amor de mi vida, que en los momentos sordos de la soledad angustiada, de lo que quise de el, tan solo, piérdete,

En ocasiones pienso si no me ocurrió a mi, tan lejos del mundo, tan lejos de mi, a kilómetros eternos de un para siempre, de un jamás que no llega, de la cárcel de tu recuerdo y lo benigno de mi vida ahora.

Piérdete para que no te encuentre, para que no te busque, para que no existas, en las sombras de la calle, sin mí.

Loreto Verdú

 

Dramas y mas dramas.

He recorrido caminos empedrados, caminos de tu mano,

caminos que nos abocan a  situaciones psicóticas

que nos abalanzan a nuestra propia avaricia,

de vivir, de vivir, de vivir y y sentir, sentir que somos, fuimos y quizás seremos.

Sentir que somos la  base de nuestra propia existencia,

que somos dueños de nuestro futuro, de nuestro presente,

presos de nuestro pasado.

responsables de los daños colaterales que ocasionamos con nuestros actos,

Valiente el  que se piensa, el que no se enamora,

el que no sufre en sus carnes al carne abierta a cada derrota.

Al derrotar que no son derrotas si no son pasos a otras fronteras,

fronteras que esos pasos nos abre en canal.

Utiliza su su virilidad para poder aproximarse a otras personas,

sin saber que lo que deja atrás es tan grande,

justificar,  lo hace tan pobre por confió en su pobreza

Querido amigo yo voy a decirte,

El amor sólo se entrega sólo, el amor como algo salvaje que te arranca el corazón a pedazos, que chupa tu sangre, te deja en  el hastío, el cansancio es tan grande que tu corazón ya no anda y tus manos  sienten, ni tus ojos lloran ya no queda nada por lo que llorar, porque diste tampoco y recibiste tanto, porque no quieres enfermos, pero somos enfermos, enfermos físicos, somos personas, seres humanos. Como tú, pero amigo mío aunque guardó gran estima, la lástima inexcusable del pobre que no supo que había una mujer que nómada corría por sus calles y por sus acantilados, libre a su libre albedrío, de amor herida, el dolor que no tiene cura, sólo tienes tiempo para abrazarte, para marchante, para quererme,  mi tiempo para quererme tal cual soy, créeme te lloré pero se terminó, aquí se terminó.

Hay  luchas que no van a ningún sitio.

Una lucha perdida.

No quiero.

Hubo un después, si lo reconozco, lo hubo, sentí libertad, pero no la libertad de los pájaros en la nieve, no fue esa la libertad que sentí, mas bien… como las pesadas brumas que cubren este valle, con responsabilidad de ser libre, hacer cosas que la libertad espera de tí. Maldije en lenguas que no sabía de su existencia, con lengua, y  labios que danzan en una caja de resonancia llena de dientes,  free, ingyenes, frei …

 

No quiero la libertad de los otros.

No quiero un bosque abarrotado de clichés antiguos.

No quiero drogas, sexo y rock and roll.

No quiero verdes lagos y cielos azules, de mentira

No quiero vacaciones en la playa, con todo incluido hasta la suegra insatisfecha.

No quiero una vida con estrecheces en el alma y aneurismas de viento en la espalda.

No quiero días de lluvia en martes con soles naranjas.

No quiero, no querer porque sin querer te dejé.

Sentí una libertad en color sepia, sentí la libertad de la cama y la sopa de pollo. Me sentí como un tallo de trigo seco pegado a la tierra.

Loreto Verdú.

Apatía.

Entre las enrevesadas curvas de la existencia he ido dejando pedazos de mi. Los ríos de lágrimas que vertí por lo imposible, La apatía es como olas de espuma amarga que me arrancaban los sentidos y he dejado de sentir.

Quien sabe si en el lugar donde habitan los sueños se encuentran mis ganas de vivir, de caminar, de reencontrar, de volver de este hastío, del desierto de la nada donde nada hay salvo un camastro. Cerrar los ojos y ver espejismos de aquello que quise ser.

Encontrarse con Malena que ya no es un nombre de tango, sino aquella que no crecio de mis entrañas por que nunca hubo el suficiente amor, los días que no he vivido por estar conmigo. estúpida mi alma que se perdió en la ira y ella fue la única que no le abandono.

Las cartas están echadas y mi corazón se ha evaporado. En mi pecho late un músculo roído y sanguinoliento.

sin nada que sentir.

Loreto Verdú

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